Tuve que tomar la desición de buscar retomar la psicoterapia muy en serio; una tarde estaba escuchando la canción de Andrés Bello «Volver Atrás» y sentí que me fui a la mierda. Ese fue el momento en que a mis cuarenta y tantos años me dije: «Necesito ayuda, no puedo querer una vez más irme del Planeta Azul; ya sería la 4ta vez y no soy felino, no puedo seguir tentando mi suerte!»
Dejé mi anterior tratamiento (de casi 7 años) porque ya no había feeling con la doctora anterior; una profesional muy top of the line pero también un poco distríada por la «novedad» de la nueva realidad a la que nos forzó la Pandemia, nuestras sesiones eran virtuales. Sentía que ella andaba maravillada buscando referencias que trataba de recordar su cabeza de abuelita en medio de nuestras sesiones en YouTube, Google o Wikipedia. Yo- al otro lado de la pantalla, en algún distrito de Lima Limón, con el corazón abierto sangrando o moqueando, y ella con los ojitos encendidos alegres y muy entusiasta leyendome huevadas! La corté, como se corta a la novia en los 80’s: a través de un mensaje; me dije: «Si tanto le gusta la tecnología, que lea mi WhatsApp!» – un poco mierdita Yo, lo reconozco.
El tema es que me habían roto el corazón; pero más allá de eso tenía una Voz muy fuerte -como bombo que me iba marcando la pauta con su frase: «Desaparece». Yo, que he vivido con esa Voz muchos años, reconocía el mensaje detrás de esa única palabra: suicídate. Una conexión me llevó a una nueva psicoterapeuta y más allá de que estuve la hora entera lloriqueando, me quedó algo en la cabeza: la culpa, el peso de que no me elijan; el no ser suficiente, la tristeza azul de ser invisible y reconocer que siempre lo he sido. Había que seguir llendo para atrás en mi vida humana para poder entender lo que me pasaba; eso me dijo la nueva doctora.
Pero, a menos que tengamos complejo de cangrejo; volver a mirar atrás, recordar, revivir las palabras, sentir cómo tu cuerpo reacciona a la memoria es algo que no siempre es grato hacer. Me he topado con muchos videos de esos que abundan regados como arroz chino en matromonio dentro de las redes sociales: «El pasado, ya pasó; sé feliz hoy. Perdona el pasado, todo estará bien miestras sonrías. A nadie le gusta la gente triste; eres lo que la gente ve de ti, sonríe y pasa la página».
Es posible que exista gente que pueda hacerlo: no es mi caso. No cuando durante casi toda tu vida has tenido problemas para dormir, ponías un pie afuera de tu cama para despertarte rápido y «estar listo» -como en la milicia para el llamado del sargento; tampoco cuando las pesadillas te han despertado en la noche y te han agarrado gritando o sin poder hacerlo sudando y desorientada sentiendo tu polo de pijama empapado de sudor y que eso se haya convertido en «lo cotidiano».
Voy a volver atrás; y esto será lo que haga y convierta en una disciplina, para poder sentir que así como cuando tomo una ducha relajante, me saco poco a poco las cáscaras que envuelven mi cabeza: Pelar la mandarina (bautizaremos este proceso así), despacio porque a veces la cáscara está muy pegada a la piel del gajito y le hace daño; bota su lágrima, se cae su jugo; hay gente que lo desecha, yo no quiero tirar nada, siento que cada gajo de mi mente mandarina es valioso: ya me queda poco tiempo en este Planeta Azul, así que cada uno de esos gajitos formó parte de mi vida, y quiero honrarlos.
Agarremos cada mandarina de la caja; y como no sabremos en qué etapa de maduración está cada una, seguro saldrán las memorias al azar. Si estás leyendo, espero tengas paciencia con el desorden -yo suelo desesperarme mucho; pero trataré de darle una lógica para la lectura, va?
Empezamos.